viernes, 30 de junio de 2017

Creatividad, la asignatura pendiente


El proceso de enseñanza-aprendizaje conlleva una paradoja en sí mismo, ya busca responder a situaciones futuras, es decir situaciones que el egresado de un proceso formativo enfrentará una vez que egrese, con la transmisión de conocimientos y el desarrollo de habilidades pasados, es decir, que han respondido bien en otros momentos pero que no garantiza nada respondan bien en el futuro.

Si uno ve un programa de estudios de cualquier profesión o carrera, sea ésta universitaria, técnica o de artes y oficios, verá el mismo fenómeno: conocimientos de cómo son y cómo deben hacerse las cosas que se han ido acumulando con el devenir del tiempo y el desarrollo de la profesión en sí. De la misma forma, si uno pregunta en qué momento se capacita al futuro egresado para el futuro cambiante que bien puede ser diferente del presente, la respuesta brilla por su ausencia.

¿Por qué se da esto? Por una simple y sencilla razón: no podemos administrar el conocimiento de algo que aún no ha sucedido, lo único que podemos hacer es ir estructurando las ideas que surgen de los eventos y, hasta que ya son éstos cosas del pasado, buscar transmitir eso a través de la enseñanza –aprendizaje. ¿Y cuál es el problema con esto ya que siempre ha sido así? El problema actual es que como nunca antes los conocimientos son efímeros, la ciencia y la tecnología avanzan a pasos tan agigantados que incluso un conocimiento que sea útil, válido y valioso hoy puede no serlo mañana.

Pero entonces ¿cómo administramos un conocimiento para poder transmitirlo de algo que aún no sucede? Por desgracia eso no se puede. No podemos adelantarnos en el tiempo para ver las competencias (conocimientos, habilidades, actitudes y valores) que se requerirán para en función de esto planear la labor docente, pero lo que sí se puede hacer (y de ahí el nombre de este artículo) es incorporar en algunas clases o materias espacios a la creatividad que permitan a la mente flexibilizarse y volverse dinámica y maleable, perceptiva y perceptible, y tanto reactiva como proactiva.

¿Le parece una respuesta sencilla? Pues no, no es así. Y la causa principal que no lo sea es, adivinó usted, ¡el mismo docente! ¿Por qué? Porque en una materia que por la misma flexibilidad requerida en la creatividad no existan parámetros de evaluación, el docente se siente fuera de su elemento, ¿cómo controla algo que no tiene parámetros para controlarse?, es mas ¿cómo controla algo que no debe ser controlado?

La idea no es soltar los grupos, sino llevarlos hasta los límites del conocimiento, la técnica o la habilidad, y a partir de ahí generar dinámicas que liberen a la mente de las ataduras intelectuales de un conocimiento debida y correctamente estructurado y le permitan accionar con creatividad ante las circunstancias cambiantes e inciertas del entorno.

Esto no es imposible, sucede en la vida real: las negociaciones que emprendemos, los proyectos que iniciamos, las reestructuraciones que comenzamos, muchas actividades de la vida laboral, social o política tienen un resultado incierto pero se encaran con las herramientas técnicas y los conocimientos debidos y al mismo tiempo con una mente flexible donde la creatividad tiene cabida y, por ende, donde se encuentra en posesión de mayores recursos para enfrentar los retos.

La creatividad, si bien es una asignatura pendiente en nuestras instituciones de educación, es un requerimiento cada vez más demandado por nuestro entorno, un requerimiento que por obvias razones debe ser incorporado en el engranaje de los procesos de enseñanza-aprendizaje para así cumplir la función de los mismos que es habilitar en toda su expresión el potencial del ser humano.


Roberto Celaya Figueroa, Sc.D.
Formación • I+D+i • Consultoría
Desarrollo Empresarial - Gestión Universitaria - Liderazgo Emprendedor

Este artículo puede verse en video en https://youtu.be/18pha9LlP8Q

También puede descargarse gratis el libro "Un sólo Dios, el Padre; un sólo Señor, Jesucristo", desde www.rocefi.com.mx  (Menú “Libros” Sección “e-book gratis”)


viernes, 23 de junio de 2017

Informes de chaquira y oropel


El derecho a la información proporciona dos vertientes coincidentes, la de quien informa y que se refiere a la responsabilidad y transparencia que imprime en su actuar, y la de quien es informado y puede por ende demandar o reconocer el ejercicio de una función, esto adquiere –o al menos debería adquirir- un valor mayor en la educación superior, sobre todo en la pública, porque con los recursos de todos se está construyendo –o al menos así lo pensamos- un mejor futuro para todos.

La cuestión de informar periódicamente –generalmente cada año- de los logros y avances de su gestión, se ha vuelto una práctica muy socorrida por quienes están al frente de una organización, una institución, una asociación o un puesto gubernamental. Si bien esto es loable, sobre todo en educación superior, lo que comenzó en un inicio como un intento de responder a esa confianza depositada se ha vuelto en muchos casos un mero teatro con toda su parafernalia pero sin ninguna sustancia.

 La escena es de todos conocida: directores o rectores de instituciones de educación superior convocan a la presentación de sus informes, dentro de la lista de invitados están generalmente representantes de la sociedad civil que (curiosamente) nunca van a la universidad pero que el día del informe están ahí presentes, ¿cuál sería la razón de ello? el escenario. El informe anual que un líder de una institución de educación superior da se ha vuelto en muchos casos en un escenario donde, como en cualquier evento político, es bueno estar y ser visto aunque no se sepa bien a bien de qué se trata.

¿Y los verdaderamente interesados?, ¿y la sociedad civil?, ¿y la información realmente importante? El informe de labores se convierte así en una relatoría de lo hecho donde dicha relatoría deviene en un soliloquio pues no hay interlocutor para realmente iniciar un diálogo de rendición de cuentas y censura o reconocimiento.

¿Cuál es el valor de un acto así? Si es el de informar esto puede hacerse sin tanto costo poniendo a disposición de quien así lo desee (sobre todo con los medios electrónicos actuales), el reporte necesario. Pero si no es el de informar ¿cuál es el fin entonces?

Un ejercicio democrático (e incluso republicano) que bien pudieran aprender nuestras universidades (aunque muchos esperaríamos que fueran ellas las que nos enseñaran, no al revés) es la de la comparecencia del Director o Rector así como sus principales funcionarios para presentar un informe (incluyendo su glosa) en un formato que realmente permita el dialogo en un marco de rendición de cuentas.

¿Cuántas universidades tienen este formato? Al menos yo no conozco ninguna. Me refiero no al formato del informe bajo reflectores, sino al informe segmentado, con comparecencias, ante las instancias correspondientes para rendir el parte de lo logrado pero también de lo que aún falta por hacer y ¿por qué no? incluso de lo que no ha funcionado.

Si bien esto puede verse como una crítica al informe tradicional que en muchas instituciones de educación superior se da, esto no es el fin de esta disertación, sino el señalar el área de oportunidad que puede comenzarse a fomentar en nuestras universidades donde se entiende que quien dirige esta para servir y para rendir cuentas de su servicio y que esta rendición debe buscar las maneras de lograr su fin sin perderse en chaquiras y oropeles.


Roberto Celaya Figueroa, Sc.D.
Formación • I+D+i • Consultoría
Desarrollo Empresarial - Gestión Universitaria - Liderazgo Emprendedor

Este artículo puede verse en video en https://youtu.be/GSIT-PNmtdo

También puede descargarse gratis el libro "Un sólo Dios, el Padre; un sólo Señor, Jesucristo", desde www.rocefi.com.mx  (Menú “Libros” Sección “e-book gratis”)

viernes, 16 de junio de 2017

Los funcionarios universitarios y la curva del aprendizaje


Todo trabajo a desarrollar, por más sencillo o complicado que sea, implica un nivel de desempeño esperado, desempeño que en contraprestación obliga a pagar por él, esto incluye el desempeño esperado de los funcionarios universitarios los cuales prácticamente no tienen tiempo que perder –y hacer perder a la institución- mientras recorren la curva del aprendizaje.

El término curva del aprendizaje se utiliza para definir ese tiempo que pasa entre el momento en que alguien adquiere una responsabilidad y hasta el momento en que desarrolla al 100% la habilidad requerida para desempeñarla, esta curva del aprendizaje puede ser corta o larga en función tanto de la experiencia, las capacidades y la instrucción de quien adquiere la responsabilidad.

En toda empresa, una curva del aprendizaje larga se da siempre en demérito de la misma organización, ¿por qué? pues porque simple y sencillamente un desempeño que no esté al 100% la obliga a ir más despacio, con mayores errores o con menos eficacia en sus procesos, lo cual la afecta en sus objetivos organizacionales.

Pero en el caso de una universidad, sobre todo de una universidad pública, no existe una presión tal que obligue a que esa curva del aprendizaje sea corta o casi nula, ¿por qué? pues porque la universidad pública tiene garantizado un presupuesto el cual está en función de sus alumnos, no tanto del desempeño de sus funcionarios.

Así podemos estar frente a una situación donde las nuevas autoridades de cualquier universidad privilegien no la capacidad, sino el amiguismo o compadrazgo en la promoción de los puestos de niveles superiores, después de todo “ya tendrán tiempo para aprender”.

Una empresa donde a quien asignan una responsabilidad “no dé el ancho” inmediatamente toma la decisión de remover a tal persona de su puesto, una universidad no. Pueden pasar meses, años, incluso todo el período de la administración, sin que los funcionarios “den color” pues siguen en la curva del aprendizaje, todo esto sin que pase nada pues el dinero sigue fluyendo vía presupuesto asignado.

A cualquier funcionario universitario que pusiera como excusa a su incapacidad o falta de resultados el estar precisamente en la curva del aprendizaje yo le preguntaría ¿y también proporcionalmente estás en la curva de cobrar tu sueldo? Es decir, tal vez el funcionario aún no llegue al 100% requerido para el desempeño de su puesto pero ¿si está cobrando desde un inicio el 100% de su sueldo?

Que conste que no estoy señalando que alguien que llegue a un puesto debe estar al 100% desde el primero día, como mencioné eso depende de experiencia, capacidad e instrucción, pero sí señalo que las administraciones deben poner especial cuidado en la selección de sus cuadros superiores considerando precisamente esos factores para que suban los más capaces y por ende los que ocupen menos tiempo en la curva del aprendizaje.

Esta arenga se motiva más en cuestiones de ética, honestidad y honorabilidad ya que, como mencioné, a diferencia de una empresa, la universidad no tiene factores apremiantes que la lleven a actuar con compromiso en la promoción y asignación de puestos de niveles superiores.

En la medida que una universidad entienda que quienes suben deben ser los más capaces, con mayor experiencia, con mayor entendimiento y mayor compromiso, la famosa curva del aprendizaje requerida para desempeñar con eficiencia y eficacia sus responsabilidades será menos pronunciada, después de todo no se vale, y repito: no se vale, el llegar con la idea vendida que se sabe cómo hacer las cosas para luego salir que los esperemos un momento porque no saben hacerlas.
Roberto Celaya Figueroa, Sc.D.
Formación • I+D+i • Consultoría
Desarrollo Empresarial - Gestión Universitaria - Liderazgo Emprendedor

Este artículo puede verse en video en https://youtu.be/AH0NSkovIk0

También puede descargarse gratis el poemario del mismo autor "Perfectos son tus caminos” -50 poemas en la línea del pensamiento cristiano-, desde www.rocefi.com.mx  (Menú “Libros” Sección “e-book gratis”)


viernes, 9 de junio de 2017

Clase abierta universitaria: la prueba de manejo de la educación superior


La elección de la institución de educación superior donde se cursarán estudios universitarios no es un asunto de menor importancia, uno puede revisar todo lo que ella nos presenta a través de la información que pone a nuestra disposición, pero de la misma uno también debería poder revisar lo que ella es en la práctica a través de la experimentación.

Una práctica en las empresas automotrices que se ha venido a generalizar son las famosas pruebas de manejo.  Cuando uno desea adquirir un vehículo llega a la agencia y revisa toda la información que del mismo se nos presenta, incluso lo revisa físicamente, pero lo que viene finalmente a definir la compra es la prueba de manejo. La prueba de manejo no es otra cosa que realmente experimentar en la práctica, en la realidad, la conducción del vehículo que tiene nuestras preferencias.

Ahora pensemos cuando vamos a comprar ropa o zapatos, vemos y vemos modelos y estilos para finalmente venirnos probando aquellos que nos gustan como una prueba final de los mismos para ver si nos convence su adquisición. Si vamos a comprar una computadora, muchos centros de venta las tienen en exhibición y en muchos casos encendidas para que puedan ser usadas y por ende evaluadas por el consumidor potencial. Así pudiéramos pensar en muchos ejemplos donde, independientemente de la información que sobre tal o cual productos se nos dé, es posible probarlo para terminar de convencernos en su compra.

Supongo que una educación universitaria es, digamos, mucho más importante que unos pantalones, una camisa, unos zapatos o unos tenis y que de la eficiencia de la misma nos permitirá comprar en el tiempo y durante nuestra vida varios vehículos y varias computadoras, luego entonces ¿dónde está nuestra prueba de manejo?

La pregunta anterior, la prueba de manejo de la educación superior, se refiere a lo que se conoce como clase abierta, este concepto de clase abierta se utiliza en algunas escuelas, sobre todo privadas y sobre todo a nivel básico, como un momento y un espacio donde los padres pueden ir, no tanto a ver la clase en sí (tal vez el término esté mal utilizado) sino más bien a ver los productos que sus hijos han desarrollado en las clases y por ende lo que han logrado.

En el caso de la educación superior no nos estamos refiriendo a clase abierta con la acepción anteriormente comentada sino con realmente una clase abierta, es decir, un momento y un espacio donde la sociedad puede ir y entrar (como oyente, eso sí) a una clase. La prueba de manejo de la que hablamos, la clase abierta, es permitir que quien lo desee pueda ingresar a un salón para ver de manera práctica la información que se maneja, las condiciones físicas de la institución y el nivel de los docentes.

Esta clase abierta, como toda actividad universitaria, debe ser planificada. No se trata de que en cualquier momento quien lo desee pueda entrar a un salón de clase. Pueden organizarse fechas donde esto sea permitido incluso con ciertos controles por cuestiones de seguridad y capacidad (por ejemplo un registro en línea de quien desee acudir), pero la idea subyacente de previamente “probar” la educación superior prevalece: empoderar a la gente para que sus decisiones sean con la información suficiente para ser completas en su análisis y correctas en su opción.

Así como en el caso del vehículo, la ropa, los zapatos o la computadora, la clase abierta, la prueba de manejo de la educación superior, puede ser el factor que permita decidir entre una carrera y otra y entre una institución y otra, y de esta manera no solo dinamizar la competencia educativa repercutiendo con ello en la calidad de la misma sino otorgar a los usuarios de ésta el poder de una decisión fundamentada.
Roberto Celaya Figueroa, Sc.D.
Formación • I+D+i • Consultoría
Desarrollo Empresarial - Gestión Universitaria - Liderazgo Emprendedor

Este artículo puede verse en video en https://youtu.be/qbAUavcHFIU

También puede descargarse gratis el poemario del mismo autor "Perfectos son tus caminos” -50 poemas en la línea del pensamiento cristiano-, desde www.rocefi.com.mx  (Menú “Libros” Sección “e-book gratis”)


viernes, 2 de junio de 2017

¡Piensa en función de procesos, no en función de personas!


La universidad, como máximo referente del pensamiento humano, debe ser capaz de mostrar las formas y maneras correctas en que pueden y deben hacerse las cosas, y ese mostrar debe basarse en las capacidad de generar procesos que garanticen eso más que pensar en personas que lo hagan.

 En mi vida académica me ha tocado la fortuna de ver los procesos universitarios desde diferentes puntos: como académico, como responsable de programa, como líder de cuerpo académico e incluso como funcionario. En todos esos momentos mi esfuerzo se ha centrado en generar procesos que garanticen que las cosas se hagan bien, más que dejar esto último al perfil de quienes estarán luego en los puestos.

Paso a explicar lo anterior: en muchas ocasiones, cuando se van a hacer cambio de funcionarios o responsables en tal o cual puesto universitario, luego luego comienzan a salir los candidatos a suceder a quien estaba y los grupos que apoyan a tal o cual. Cuando uno pregunta a los grupos por que apoyan a tal o cual candidato, el argumento principal es que ese a quien apoyan consideran que es quien hará lo que desean para el bien del área o del proceso institucional. Pero esto no debería ser así.

Pensar de la manera anterior es dejar la eficiencia y efectividad de los procesos (el hacer bien las cosas) a la buena voluntad (y capacidad, porque no) de quien esté al frente de los mismos. Por el contrario, cuando se generan  procesos que garanticen lo anterior prácticamente no importa quién esté al frente de los mismos pues ya está establecido como pueden y debe hacerse las cosas.

Pensar en función de procesos nos libera pues permite entonces sí, que escojamos al mejor para estar al frente de los mismos, caso contrario cuando no se piensa en procesos sino en personas que la preocupación se centra en que quede tal o cual amigo o conocido para poder así obtener de él su apoyo.

Pensar en procesos es algo así como establecer las reglas del juego a detalle para que las cosas se hagan bien, y esto no es de gratis sino que es un requisito sin el cual no se puede darse la función universitaria pues quien llega a un puesto debe saber claramente qué debe hacer y (más importante aún) cómo debe hacerlo.

Cuando uno participa en establecer las reglas anteriores sucede algo mágico (por llamarlo en cierta forma): esas reglas surgen de manera impecable pues ninguno de los participantes sabe quién quedará en un futuro en tal o cual puesto por lo que desean garantizar la mayor objetividad para el mismo.

Si uno ve en una universidad enfrentados grupos para que en tal o cual puesto quede tal o cual persona, significa que los procesos universitarios no están diseñados para que éstos se desempeñen con alto nivel de compromiso y responsabilidad, caso contrario no importaría quien llegara a ese puesto, o mejor dicho, se optaría siempre por el mejor y el más capaz.

La universidad como referente de desempeño individual, organizacional y social, debe mostrar las formas en las cuales se garantices las mejores prácticas en el ser y el quehacer, y esto solo será posible cuando se piense en función de procesos y no en función de personas.


Roberto Celaya Figueroa, Sc.D.
Formación • I+D+i • Consultoría
Desarrollo Empresarial - Gestión Universitaria - Liderazgo Emprendedor

Este artículo puede verse en video en https://youtu.be/D7Qe-_OhMK4

También puede descargarse gratis el poemario del mismo autor "Perfectos son tus caminos” -50 poemas en la línea del pensamiento cristiano-, desde www.rocefi.com.mx  (Menú “Libros” Sección “e-book gratis”)


viernes, 26 de mayo de 2017

Funcionarios universitarios endógenos: la máxima expresión de la falta de capacidad


La administración de una universidad no es poca cosa, no solo hablamos de una entidad en la que convergen recursos humanos, materiales y financieros, sino de una institución cuyos alcances tienen que ver con la formación, la investigación y la extensión de la ciencia y la cultura y cuyos efectos la trascienden en el tiempo y en el espacio, en este sentido todos esperaríamos que quienes están al frente de ella fueran lo mejor de lo mejor tanto personal como profesionalmente hablando.

Cuando se va a adquirir un bien o un servicio, y está en posibilidad de elegir libremente de entre varios con el mismo precio, uno siempre se inclina por aquel que represente las mejores características o condiciones. Pero imaginemos una situación en la cual, aunque hubieran varios productos o servicios del mismo precio se nos obligara a escoger solo de entre un grupo de ellos sin posibilidad así de elegir de entre todos, realmente estaríamos en una situación bastante desventajosa, situación que desafortunadamente algunas universidades no solo enfrentan sino que incluso promueven.

En una ocasión, de visita por una universidad, me tocó ver una convocatoria para renovar ciertos cuadros directivos de alto nivel, lo que más me llamó la atención fue que de entre todos los requisitos (los cuales eran por demás lógicos, deseables e incluso exigibles) había uno referido a que fuese parte de la institución. Preguntando a quien me había invitado me argumentó a favor de que fueran los mismos miembros de la institución los que, en reconocimiento de sus trayectorias y capacidades, fueran promovidos a puestos directivos.

A mi pregunta de por qué no se abría ese proceso a la comunidad externa para que participara quien quisiera me argumentó aún más sobre las bondades (que por cierto no vi por ningún lado) de que fuera gente que conocía a la institución la que fuera promovida, amén de que no fuera justo que viniera gente de fuera cuando ahí dentro había recurso calificado y cualificado más que de sobra.

Como invitado no entré en polémica, pero el argumento esgrimido no era convincente e incluso ni siquiera creíble: Si la gente interna en efecto estaba tan calificada y cualificada como se me argumentaba, no había justificación entonces para que no pudiera competir con gente incluso de fuera de la institución.

Pero vayamos más allá en este pensamiento. Supongamos que uno se va a someter a una operación de riesgo, digamos del corazón, si pudiéramos escoger (es decir, si tuviéramos la capacidad financiera para pagar por el servicio que quisiéramos) ¿no elegiríamos al mejor médico que estuviera calificado para ello? Ahora imaginemos que nos dan a escoger, no de entre los mejores médicos, sino de un grupo que por X, Y o Z es del cual podemos elegir, realmente sería una situación bastante incomprensible, entonces ¿por qué temer a la competencia y privar a una universidad de que realmente quienes están al frente de procesos claves sean lo mejor de lo mejor?

Ahora bien, para estar seguros de que son lo mejor de lo mejor la premisa básica es que la competencia sea abierta y los candidatos medidos, si: en igualdad de condiciones, pero también con altos estándares para que solo llegue quien debe llegar. De nuevo veamos el punto: una universidad puede (énfasis en puede) elegir, tiene los recursos (el sueldo asignado para tal o cual puesto),  entonces ¿por qué limitar esa elección solo “a lo que está dentro”? ¿Cuál sería realmente un argumento de peso para impedirle a la universidad elegir de entre todas las opciones (internas y externas) a las que tiene acceso, lo mejor? Pensar “solo aquí, para ver si alguna vez me toca” es una manera individualista, egoísta y limitada de ver las cosas, pensar “que esté el mejor, venga de donde venga” es una forma institucional, generosa y trascedente de abordar el asunto.

Cualquier argumento en pro de la restricción en procesos de selección de funcionarios como los que hemos abordado en el presente artículo es salvable, creo que es más lo que se gana con la competencia franca y abierta que lo que se pone en riesgo (si es que realmente hay algo que se ponga en riesgo), y, sobre todo en las universidades públicas, creo que la sociedad merece que al frente de los procesos claves de la institución que es sufragada con sus recursos y que tiene en sus manos la formación de los futuros profesionistas esté lo mejor de lo mejor.


Roberto Celaya Figueroa, Sc.D.
Formación • I+D+i • Consultoría
Desarrollo Empresarial - Gestión Universitaria - Liderazgo Emprendedor

Este artículo puede verse en video en https://youtu.be/qDcSdKsxBhs

También puede descargarse gratis el poemario del mismo autor "Perfectos son tus caminos” -50 poemas en la línea del pensamiento cristiano-, desde www.rocefi.com.mx  (Menú “Libros” Sección “e-book gratis”)

viernes, 19 de mayo de 2017

Competir para no llegar –la cuestión de las profesiones saturadas-


La educación superior tiene como uno de sus principales objetivos, como su misma denominación lo indica, el formar profesionistas con los conocimientos, las habilidades, las actitudes y los valores para desempeñarse con éxito en el mundo actual, pero esto implica que hay precisamente un mundo actual donde desempeñarse, es decir, un mercado capaz de dar cabida a estos egresados, pero ¿qué pasa cuando no es así?

La escena es conocida por muchos: los padres orgullosos en la graduación de sus hijos se toman fotos, acuden a ceremonias y festejan pues no es menos encomiable el haber alcanzado esa meta: implico años de tiempo, dinero y esfuerzo. Pero el final feliz de esa historia no termina con los festejos propios de la obtención del título, el verdadero culmen de la misma es cuando este profesionista logra colocarse en un trabajo bien pagado y acorde a su perfil profesional.

Pero, ¿qué sucede cuando hay una saturación de egresados que impide al mercado laboral acogerlos? Hay estudios que muestran cómo es que carreras tales como Derecho,  Administración o  Contador Público muestran una sobresaturación de egresados (algunos de estos estudios apuntan a que estas tres carreras representan el 30% del total de los estudiantes de licenciatura a nivel nacional), ¿cuál es el resultado de esto? Tomando datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) y de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STyPS), sólo el 57.4% de los profesionistas del área Económico-Administrativa tienen un empleo relacionado con lo que estudiaron.

Si vamos a un nivel más general, la Secretaría de Educación Pública (SEP) identificó 16 carreras críticas con exceso de oferta de egresados, lo que hace que se produzcan empleos con salarios más bajos y sea más difícil obtener un puesto en esas áreas, estas carreras son las de Contaduría, Administración, Derecho, Ingeniería Eléctrica, Ingeniería en Computación e Informática, Arquitectura y Urbanismo, Comunicación y Ciencias Políticas, entre otras, las carreras saturadas en las que se registran más de 135 mil egresados por cada puesto de trabajo.

Hay quienes ante este escenario señalan que solo deberían ofertarse aquellas carreras que realmente tuvieran posibilidad de colocación laboral e ir cerrando las que no, pero eso pone a la educación al servicio del mercado y no de las personas, por otro lado las personas tienen la libertad inherente como seres humanos de estudiar lo que deseen, sea esto demandado laboralmente o no, luego entonces ¿cómo conciliar la libertad inherente a cada persona a estudiar lo que desee con las expectativas personal, profesional y social de colocación laboral?

Una manera de establecer un punto de acuerdo en el conflicto anterior es el referido a la información que presenten las universidades. Si uno entra a cualquier página universitaria y ve cualquier oferta educativa se dará cuenta cómo es que la información está incompleta ya que sesgadamente cuando mucho presenta los lugares donde el egresado puede desempeñarse como una posibilidad, pero eso es casi casi como decir que si uno compra un cachito de lotería tiene la posibilidad de volverse millonario: no miente, pero tampoco dice la verdad completa. La solución es información.

Es casi inconcebible que una lata de verduras contenga en muchas ocasiones más información que una oferta educativa, ¿qué le faltaría a todas las ofertas educativas de las universidades mostrar como información adicional? Algo que yo llamo el índice de empleabilidad. Este índice no es otra cosa que la información oficial y formal que muchas veces anda dispersa por la red respecto de la carrera en cuanto a las posibilidades laborales, desde los nivele de demanda hasta los sueldos esperados. Así con esta información la decisión de quien opte por una u otra oferta educativa estaría basada en información completa y, ahora sí que como decimos, “bajo su propio riesgo”.


La educación superior maneja en su discurso el compromiso con la sociedad que tiene, pues bien, una manera de responder a ese compromiso es presentar la información requerida para que quienes opten por una u otra oferta educativa lo hagan con conocimiento de causa atendiendo a la libertad que cada quien tiene de estudiar lo que desee pero informando de las condiciones laborales para la profesión elegida.


Roberto Celaya Figueroa, Sc.D.
Formación • I+D+i • Consultoría
Desarrollo Empresarial - Gestión Universitaria - Liderazgo Emprendedor

Este artículo puede verse en video en https://youtu.be/iQ8g3WlOKl0

También puede descargarse gratis el poemario del mismo autor "Perfectos son tus caminos” -50 poemas en la línea del pensamiento cristiano-, desde www.rocefi.com.mx  (Menú “Libros” Sección “e-book gratis”)